Después de morir a mediados del siglo XVI en su sede arzobispal de Valencia de España, el religioso agustino Tomás de Villanueva fue reconocido oficialmente como santo en los principios del XVII, por lo que, cuando el 28 de mayo de 1665 la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Religiosos Agustinos Ermitaños Descalzos de las Islas Filipinas otorgó facultades precisas a fray Juan de Borja para que, en calidad de comisario procurador pasara a Nueva España y fundara un hostería para sus misioneros en la ciudad de México, se puede decir que el culto a ese santo era un orgullo actual de los religiosos agustinos, razón que pudo contribuir a que pusieran al nuevo hostería de México bajo el patrocinio de su nombre.
Fray Juan de Borja poco después cumplió su cometido, y aunque al parecer en los principios lo llamaron Hostería de Jesucristo, sin embargo pasó a la posteridad, ahora lo rescatamos con su nombre de Hostería de Santo Tomás de Villanueva. De fray Borja fundador, el padre Agustín María de, Castro aseguró que él y sus compañeros "combarcanos" vieron su retrato en pintura al pie de la escalera del hostería en 1753, cuando él pasó por México, procedente de su natural España, con destino al oriente.
La vida de esta institución corrió a lo largo de la porción restante del siglo XVII, de todo el siguiente siglo XVIII, pero la consumación de la independencia de México le anunció su fin, porque los golpes que recibió entonces sólo fueron un anticipo del rudo y definitivo que sufrió al ser expulsados del país los españoles en 1827 y años posteriores. Razón por la cual los religiosos misioneros españoles ya no podrían hospedarse y mucho menos tener la propiedad y la posesión del hostería y sus bienes.
La parte que subsiste en pie, convertida en el Boutique Hotel de Cortés es un hermoso edificio de dos plantas que corre el lienzo de su fachada hacia ella. En la planta alta, el garbo de las típicas ventanas del barroco de la ciudad de México alza sus jambas hasta alcanzar la cornisa; La nobleza y la sencillez de la cantera clara, en contraste con el tezontle que cubre los paños de los muros, sólo son el marco de la suntuosidad y de la elegancia de la portada, que carga sus líneas y sus movimientos al centro del conjunto, en que se abre la puerta principal y sobre ella el corazón que simboliza a San Agustín y un nicho en que está la figura bondadosa en escultura de Santo Tomás de Villanueva. En el friso de la portada hay un medallón con esta inscripción: Sto. Tomás de Víllanueva Año de 1780.
FUENTE: BIBLIOTECA ITAM, ESTUDIOS. filosofía-historia-letrasOtoño 1986 ALFONSO MARTINEZ. Hosterías de Nueva España para misioneros del Oriente






















